Hay bodas que empiezan cuando aterrizas. La de Víctor y Sandra fue una de esas: nos fuimos a la Alsacia, al este de Francia, a una casa entre bosque, estanques y viñedos llamada Les Jardins de Madeleine, y volvimos tres días después con la sensación de haber estado de viaje además de haber trabajado.
Riquewihr, el día antes
Llegamos con antelación, que es como hacemos siempre las bodas fuera. Esa tarde la aprovechamos para la preboda en Riquewihr, uno de esos pueblos alsacianos de casas de entramado de madera, geranios en todas las ventanas y calles empedradas que suben entre viñas. Es un sitio que en temporada alta está lleno, así que fuimos a la hora en la que la luz baja y los autobuses se van.
Además de las fotos, ese día sirve para lo de siempre: ver el lugar de la boda con luz, saber por dónde sale el sol, dónde cae la sombra a la hora de la ceremonia y dónde haremos la sesión al día siguiente. Cuando llegas la mañana misma, todo eso lo decides con prisa.
Una casa entre viñedos
Les Jardins de Madeleine es una casa señorial con el bosque justo detrás, un estanque con su puente de madera y las hileras de viña bajando por la ladera. Los preparativos fueron arriba, en habitaciones bajo vigas vistas, con esa luz que entra por las ventanas del tejado y que a un fotógrafo se lo da todo hecho. El vestido, de Rosa Clará, colgó de una de esas vigas hasta el último momento.
La ceremonia, junto al agua
La ceremonia se montó en el jardín, frente al estanque, con las sombrillas abiertas y el valle abriéndose detrás de las sillas. Los invitados venían de varios países y la boda se celebró en más de un idioma, con esa mezcla de acentos y de gente que se acaba de conocer que solo pasa en las bodas de destino. [?]
Después vino el cóctel en el invernadero acristalado, con su cartel de bienvenida en francés y las puertas abiertas al jardín.
Los viñedos, a última hora
Dejamos la sesión de pareja para el final de la tarde y fue la mejor decisión del día. Bajamos con ellos a las viñas y allí la luz se queda quieta un buen rato, dorada, filtrándose entre las hojas con las montañas de los Vosgos recortadas al fondo. Son las fotos que abren esta entrada y, si nos preguntáis, las que mejor cuentan lo que fue el día entero: dos personas solas en un sitio precioso, muy lejos de casa y muy tranquilas.
Después se volvió a la fiesta, y la fiesta duró lo que tenía que durar. [?]
Fotografiar una boda lejos de casa
Esta boda es el ejemplo de por qué nos gusta tanto este trabajo cuando toca hacer la maleta. No es solo casarse lejos: es que el viaje entero —la llegada, la cena de la víspera, el pueblo, la gente que cruza medio mapa para estar allí— acaba formando parte del recuerdo tanto como la ceremonia.
Si estáis organizando algo parecido, en nuestra página de bodas de destino contamos cómo trabajamos fuera: la preparación previa, la jornada de localización y el presupuesto cerrado con el viaje incluido. Y si queréis ver cómo quedan las sesiones de preboda, ahí tenéis unas cuantas.
Fotografía: Radiga Studios (Raúl y Susana) · Finca: Les Jardins de Madeleine, Alsacia · Wedding planner: Amande Événementiel · Vestido: Rosa Clará
